Los criterios de selección de los individuos a introducir se han basado en las siguientes observaciones:

Respecto a los huevos:
  • Es una especie filopátrica, por lo que vuelve a nidificar a su playa de origen. La impronta se crea en el momento de la emergencia y el primer trayecto hacia el mar. Por lo que al colocar los huevos en una nueva playa antes de que eclosionen, nos aseguramos que regresen a la misma.
  • Los huevos son fáciles de obtener y transportar.
  • Las tortugas requieren una alta supervivencia en estadíos inmaduros para mantener sus poblaciones (Crouse, 1999).

Respecto a las crías:
  • Tienen una alta mortalidad, especialmente el primer año.
  • Es posible criarlas en guarderías hasta el primer año con lo que su supervivencia aumenta notablemente, aunque criar más de 300 tortugas supondría un coste muy elevado.
  • El largo periodo de su vida que pasan en mar abierto y las grandes distancias que recorren, hace que sean muy vulnerables en todas sus fases vitales; pero es especialmente importante el momento del nacimiento y los primeros meses de vida.

Respecto a juveniles, subadultos y adultos:
  • Diversos estudios de población han demostrado la baja contribución de la supervivencia de huevos a la tasa de crecimiento de las poblaciones (Crowder et al., 1994). Por tanto, cualquier actuación negativa sobre tortugas juveniles o adultas va a tener mucho mayor impacto sobre las poblaciones que las agresiones que afecten a los nidos o neonatos.
  • Es imposible plantear un refuerzo de estos ciclos de vida, ya que son migratorias y tienen una alta capacidad de desplazamiento y orientación, por lo que aunque fuesen desplazadas volverían a su lugar de origen. Además esta medida repercutiría fuertemente en las "poblaciones donantes".
  • Es posible reducir la mortalidad en playa mediante vigilancia para evitar su depredación.

Tras analizar estas reflexiones, se llega a la conclusión de que lo más viable es reforzar la población con huevos y crías de un año.